Ahora que no se puede salir de casa, sino para lo eminentemente necesario, y una de las cosas que está totalmente prohibida es visitar los parques me parece oportuno contar esta historia que está incluida en "Hilos de la Memoria"
En 1986 pinté un cuadro llamado "En el Parque", buscaba representar una época de mi niñez, supongo que era lo que más me gustaba porque fue lo que me inspiró a pintarlo, aquí van mis recuerdos.
Cuando era un niño, en la década de los 60’s, Antímano era todavía un pueblo de las afueras de Caracas, con su pequeña Plaza Bolívar llena de árboles y palomas, el centro de la plaza lo ocupaba un aún más pequeño busto del Libertador, aún siendo pequeña la plaza, el busto me parecía desproporcionado, poco para aquel espacio, en aquel tiempo los árboles eran muy frondosos no eran muy altos, daban mucha sombra, el suelo tenía la mayor parte de tierra, todo eso la hacia parecer más recogida que como la veo ahora en fotos actuales, en las que noto que ha sido muy reformada y ya no existen los palomares que había entonces, ni hay palomas.
 |
| Plaza Bolivar de Antímano |
Cerca estaba la iglesia parroquial de Nuestra Señora del Rosario con sus muchas escaleras y sus cuatro enormes columnas en la entrada, allí con 4 años, en mayo de 1964, llevé los anillos en la boda de mi hermana, también hice la primera comunión, me confirmaron y cantaba en el coro, en las misas de los domingos.
 |
| Así recuerdo a la iglesia de Antímano |
 |
| Foto, más reciente, de Julio Cesar Mesa Arboleda. |
Otro lugar de referencia de mi infancia era el cine Astor, donde vi Bambi, mi primera película en pantalla grande, fuimos con el colegio, supongo que yo tendría unos 7 años, es decir, aproximadamente en 1967, luego fui otras veces a ver alguna película, probablemente de Marisol, pero no muchas más, siempre quería ir, pero nunca se podía.
A mi me parecía que el Cine Astor era muy grande, claro yo lo veía con ojos de niño y era el único que conocía, recientemente supe, investigando para este recuerdo, que tenía 800 butacas, que había sido inaugurado en el año 1953 y que el edificio fue demolido en el año 1992.
Pero claro lo más importante era el parque infantil, tenía forma de triángulo, entre don avenidas principales de un lado la fábrica de Pepsi-Cola y del otro las de Gases Industriales.
He buscado en googlemaps la zona para hacerme una idea de las distancias, las proporciones y también para poder ilustrar mejor esta historia, me parece increíble que siendo niño caminaba por todas esas calles y la verdad que no recuerdo haber sentido nunca miedo, ahora con la violencia en Venezuela supongo que será inimaginable pensar en un niño caminando por todo eso solo.
Los círculos en rojo indican los lugares que frecuentaba, vivíamos en el número 34 de la calle cruz verde, en una planta alta, debajo quedaba el Colegio El Araguaney, donde estudié hasta el 3er grado de primaria, era una calle en pendiente, nosotros no vivíamos muy arriba, al bajar por la calle llegaba a la iglesia, muy cerca está la casa parroquial, donde iba a ensayar con el coro de la iglesia, al lado está la Escuela Nacional Andrés Bello, donde estudié el resto de la primaria y al lado de la Escuela está el Parque. Hacia el otro lado está del pueblo, algo más alejada, pero muy poco, está la Plaza Bolívar, en sus alrededores iba al médico, al barbero pero también íbamos de paseo a dar de comer a las palomas o a comernos un raspado.

Me encantaba que me llevaran al parque, para montarme en los columpios, el sube y baja, la rueda; para comerme un raspado de granadina con leche condensada; pero iba muy poco, tal vez por eso lo deseaba más y por eso me surgió en su momento la necesidad de pintarlo. El problema era que el suelo del parque era de tierra y cada vez que me llevaban terminaba enfermo de las amígdalas, lo que en España aprendí que llaman anginas, en aquella época no sabían porque me enfermaba constantemente, ya de adulto descubrí que es alergia, al polvillo que se levantaba de correr en el parque por aquella tierra seca.
Tenía 9 años cuando nos mudamos a La Paz, en El Paraíso, y vivíamos justo al lado de un parque, este era mucho más grande que el de Antímano, tenía una concha acústica para representaciones, con gradas al aire libre, en la vista aérea esta marcado con el círculo rojo el edificio donde vivía, era poner el pie en la calle y ya estaba en el parque.
Lo más cerca del parque que tenía era la Concha acústica y montones de veces estaba yo subido en ese escenario o corriendo de un lado a otro por todas esas gradas, la verdad que los años que viví ahí no recuerdo que se aprovecharan mucho esas instalaciones, todo lo contrario había eventos muy esporádicos.
También había y siguen existiendo muchas canchas para deporte, áreas ajardinadas y muchos árboles, como se puede apreciar en esta otra vista aérea, más alejada que la anterior, lo grande que es el parque, yo vivía en uno de los extremos, está marcado con el círculo rojo.
Entre la gran cantidad y variedad de árboles algunos me parecían increíbles como los apamates, acacias y araguaneyes, con sus deslumbrantes floraciones; los corpulentos samanes, eran mis favoritos, por su porte, por el contraste tan marcado con aquellas flores en ramilletes tan hermosas, pero delicadas, que parecían hilos, rosados y blancos y, como no, por aquellas enormes vainas que al secarse podíamos usar a manera de espadas para jugar. Los jabillos, o ceiba, con sus peculiares espinas en el tronco también atraían mucho mi atención, así como las esbeltas palmeras como los chaguaramos, cocoteros y moriches.
Ese poderoso mundo vegetal del parque lo quise mostrar en ese cuadro que pinté ya hace 34 años y donde me represento como un niño con mi pelota y mi madre. El niño muestra la picardía de los chiquillos jugando a la pelota y como siempre esta el temor de golpear a algún adulto distraído, en este caso la propia madre del niño.
Y así de bien luce el cuadro, en la Sala de Exposiciones de la Casa de Cultura Giralt Laporta de Valdemorillo, en nuestra exposición "Hilos de la Memoria" en compañía de los tiestos tejidos y las flores de ganchillo de mi madre, que mi amiga Ana del Burgo reinterpretó y los organizó para hacer ese fantástico montaje. Nuestra exposición, de Ana y mía, sigue confinada, pero algún día tendrá que volver a abrir.
Espero les haya sido entretenida la lectura.
Saludos,
Reinaldo Zamora Pérez