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jueves, 6 de agosto de 2020
domingo, 19 de abril de 2020
El Crujir de la Hojarasca
Queridos amigos, contactos y seguidores, hoy llego a las 60 primaveras, qué bien, una lástima recibirlos en esta reclusión, pero bienvenidos sean. Mi regalo para ustedes es compartir mi poema “El Crujir de la Hojarasca”, me parece oportuno para esta fecha, también para todo lo que estamos pasando.
Ustedes tienen fácil hacerme feliz, lo valoraré mucho, así que no sean tímidos y alegren mi día visitando, dando al MeGusta y compartiendo las páginas https://www.facebook.com/hilosdelamemoria y https://www.facebook.com/Fulkolor
El poema lo escribí a principios de este año para la exposición y encuentro de poetas Valdesía, que organiza la Biblioteca Municipal de Valdemorillo, en su edición número 20, está colgado actualmente en su salón de actos. Después le pinté un cuadro (que ilustra esta entrada), de la serie “Puntadas sin Hilo” para la exposición “Hilos de la Memoria”, el cuadro, y el poema al lado, están colgados en la sala de exposiciones. Por ahora ninguno de los dos edificios se pueden visitar.
Para pintarlo usé una hoja seca que conservo y que recogí recién llegados a Valdemorillo, ya hace casi 20 años, llamó mi atención lo grande que era y a que se me parecía a la hoja de la bandera de Cánada, después pregunté y me dijeron que esos árboles se llaman Falsos Plátanos, que según me dice internet también son conocidos como Arce Blanco o Arce Sicómoro, supongo que será cierto pero si alguien reconoce que la hoja es de un árbol diferente que por favor me lo diga, aquí les dejo la foto.
Espero que disfruten la lectura.
A veces, en el otoño,
Camino por la hojarasca
Al pisar las hojas secas
Suenan crujientes, se cascan
Ese último chasquido
El final de sus días marca
Ha sido una vida corta,
Pero libre, al sol,
Al viento, al alba.
Fue brote verde al inicio
Verde de la esperanza
Hoja joven tersa luego,
Verde como la esmeralda
Por un rayo de sol lucha
Con otras frondas que tapan
Es en primavera claro
Desea ser la más guapa
Las vecinas todas quieren
Lucir primeras, ser magnas
Plácido fue el verano
La suave brisa le baila
Le mece armoniosamente
Y le arrulla con su calma
Cálidos días de estío
Luminosas las jornadas
Jornadas de mucha marcha
Que no quiere que se vayan
Días después fue madura,
Color de oliva tocaba
Pero amarilleó muy pronto
Madurez llega, no falta
Y las canas de las hojas,
Son amarillas, no blancas
Prontamente fue mostaza
Y a menos luz, fue más parda
Marchita hoja de otoño
¿De qué color tu te llamas?
Vamos a llamarte ocre,
El ocre será tu gama
Arreció el frío, y los vientos
Con menos sol cada tanda
A pesar que ya no brilla
La alegría no le falta
Erguida ya no se tiene
No esta tersa, Ni lozana
Teme que pronto caerá,
Se quiere quedar en rama
Se afana pero en otoño
Sopla, sopla, sopla y sopla,
Sopla pero ella se agarra
Un día se dará cuenta
Que no se sostiene más
Las embestidas no aguanta
Y entonces, en ese momento
Decide, en su demencia
Que se dejará llevar
Lanzarse a flotar al viento
Queriendo aprender a volar
Será un vuelo corto, hasta el suelo
Pero lo quiere probar
Y ahí se suelta, va y vuela
Volar es la libertad
La libertad absoluta
La libertad final
No lo dejes de intentar
Vuela, vuela sin parar
Luego es tarde lo verás
Porque cuando te des cuenta
Como hojarasca serás.
Camino por la hojarasca
Pensando en voladuras de esas
Que la vida nos depara
Pero que nunca intentas.
Me gusta como acompaña
El crujir de la hojarasca.
Ustedes tienen fácil hacerme feliz, lo valoraré mucho, así que no sean tímidos y alegren mi día visitando, dando al MeGusta y compartiendo las páginas https://www.facebook.com/hilosdelamemoria y https://www.facebook.com/Fulkolor
El poema lo escribí a principios de este año para la exposición y encuentro de poetas Valdesía, que organiza la Biblioteca Municipal de Valdemorillo, en su edición número 20, está colgado actualmente en su salón de actos. Después le pinté un cuadro (que ilustra esta entrada), de la serie “Puntadas sin Hilo” para la exposición “Hilos de la Memoria”, el cuadro, y el poema al lado, están colgados en la sala de exposiciones. Por ahora ninguno de los dos edificios se pueden visitar.
Para pintarlo usé una hoja seca que conservo y que recogí recién llegados a Valdemorillo, ya hace casi 20 años, llamó mi atención lo grande que era y a que se me parecía a la hoja de la bandera de Cánada, después pregunté y me dijeron que esos árboles se llaman Falsos Plátanos, que según me dice internet también son conocidos como Arce Blanco o Arce Sicómoro, supongo que será cierto pero si alguien reconoce que la hoja es de un árbol diferente que por favor me lo diga, aquí les dejo la foto.
Espero que disfruten la lectura.
El Crujir de la Hojarasca
A veces, en el otoño,
Camino por la hojarasca
Al pisar las hojas secas
Suenan crujientes, se cascan
Ese último chasquido
El final de sus días marca
Ha sido una vida corta,
Pero libre, al sol,
Al viento, al alba.
Fue brote verde al inicio
Verde de la esperanza
Hoja joven tersa luego,
Verde como la esmeralda
Por un rayo de sol lucha
Con otras frondas que tapan
Es en primavera claro
Desea ser la más guapa
Las vecinas todas quieren
Lucir primeras, ser magnas
Plácido fue el verano
La suave brisa le baila
Le mece armoniosamente
Y le arrulla con su calma
Cálidos días de estío
Luminosas las jornadas
Jornadas de mucha marcha
Que no quiere que se vayan
Días después fue madura,
Color de oliva tocaba
Pero amarilleó muy pronto
Madurez llega, no falta
Y las canas de las hojas,
Son amarillas, no blancas
Prontamente fue mostaza
Y a menos luz, fue más parda
Marchita hoja de otoño
¿De qué color tu te llamas?
Vamos a llamarte ocre,
El ocre será tu gama
Arreció el frío, y los vientos
Con menos sol cada tanda
A pesar que ya no brilla
La alegría no le falta
Erguida ya no se tiene
No esta tersa, Ni lozana
Teme que pronto caerá,
Se quiere quedar en rama
Se afana pero en otoño
Sopla, sopla, sopla y sopla,
Sopla pero ella se agarra
Un día se dará cuenta
Que no se sostiene más
Las embestidas no aguanta
Y entonces, en ese momento
Decide, en su demencia
Que se dejará llevar
Lanzarse a flotar al viento
Queriendo aprender a volar
Será un vuelo corto, hasta el suelo
Pero lo quiere probar
Y ahí se suelta, va y vuela
Volar es la libertad
La libertad absoluta
La libertad final
No lo dejes de intentar
Vuela, vuela sin parar
Luego es tarde lo verás
Porque cuando te des cuenta
Como hojarasca serás.
Camino por la hojarasca
Pensando en voladuras de esas
Que la vida nos depara
Pero que nunca intentas.
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El crujir de la hojarasca.
Reinaldo Zamora Pérez
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viernes, 17 de abril de 2020
En el parque
Ahora que no se puede salir de casa, sino para lo eminentemente necesario, y una de las cosas que está totalmente prohibida es visitar los parques me parece oportuno contar esta historia que está incluida en "Hilos de la Memoria"
En 1986 pinté un cuadro llamado "En el Parque", buscaba representar una época de mi niñez, supongo que era lo que más me gustaba porque fue lo que me inspiró a pintarlo, aquí van mis recuerdos.
Cuando era un niño, en la década de los 60’s, Antímano era todavía un pueblo de las afueras de Caracas, con su pequeña Plaza Bolívar llena de árboles y palomas, el centro de la plaza lo ocupaba un aún más pequeño busto del Libertador, aún siendo pequeña la plaza, el busto me parecía desproporcionado, poco para aquel espacio, en aquel tiempo los árboles eran muy frondosos no eran muy altos, daban mucha sombra, el suelo tenía la mayor parte de tierra, todo eso la hacia parecer más recogida que como la veo ahora en fotos actuales, en las que noto que ha sido muy reformada y ya no existen los palomares que había entonces, ni hay palomas.
Cerca estaba la iglesia parroquial de Nuestra Señora del Rosario con sus muchas escaleras y sus cuatro enormes columnas en la entrada, allí con 4 años, en mayo de 1964, llevé los anillos en la boda de mi hermana, también hice la primera comunión, me confirmaron y cantaba en el coro, en las misas de los domingos.
Otro lugar de referencia de mi infancia era el cine Astor, donde vi Bambi, mi primera película en pantalla grande, fuimos con el colegio, supongo que yo tendría unos 7 años, es decir, aproximadamente en 1967, luego fui otras veces a ver alguna película, probablemente de Marisol, pero no muchas más, siempre quería ir, pero nunca se podía.
Pero claro lo más importante era el parque infantil, tenía forma de triángulo, entre don avenidas principales de un lado la fábrica de Pepsi-Cola y del otro las de Gases Industriales.
He buscado en googlemaps la zona para hacerme una idea de las distancias, las proporciones y también para poder ilustrar mejor esta historia, me parece increíble que siendo niño caminaba por todas esas calles y la verdad que no recuerdo haber sentido nunca miedo, ahora con la violencia en Venezuela supongo que será inimaginable pensar en un niño caminando por todo eso solo.
Los círculos en rojo indican los lugares que frecuentaba, vivíamos en el número 34 de la calle cruz verde, en una planta alta, debajo quedaba el Colegio El Araguaney, donde estudié hasta el 3er grado de primaria, era una calle en pendiente, nosotros no vivíamos muy arriba, al bajar por la calle llegaba a la iglesia, muy cerca está la casa parroquial, donde iba a ensayar con el coro de la iglesia, al lado está la Escuela Nacional Andrés Bello, donde estudié el resto de la primaria y al lado de la Escuela está el Parque. Hacia el otro lado está del pueblo, algo más alejada, pero muy poco, está la Plaza Bolívar, en sus alrededores iba al médico, al barbero pero también íbamos de paseo a dar de comer a las palomas o a comernos un raspado.
Me encantaba que me llevaran al parque, para montarme en los columpios, el sube y baja, la rueda; para comerme un raspado de granadina con leche condensada; pero iba muy poco, tal vez por eso lo deseaba más y por eso me surgió en su momento la necesidad de pintarlo. El problema era que el suelo del parque era de tierra y cada vez que me llevaban terminaba enfermo de las amígdalas, lo que en España aprendí que llaman anginas, en aquella época no sabían porque me enfermaba constantemente, ya de adulto descubrí que es alergia, al polvillo que se levantaba de correr en el parque por aquella tierra seca.
Tenía 9 años cuando nos mudamos a La Paz, en El Paraíso, y vivíamos justo al lado de un parque, este era mucho más grande que el de Antímano, tenía una concha acústica para representaciones, con gradas al aire libre, en la vista aérea esta marcado con el círculo rojo el edificio donde vivía, era poner el pie en la calle y ya estaba en el parque.
Lo más cerca del parque que tenía era la Concha acústica y montones de veces estaba yo subido en ese escenario o corriendo de un lado a otro por todas esas gradas, la verdad que los años que viví ahí no recuerdo que se aprovecharan mucho esas instalaciones, todo lo contrario había eventos muy esporádicos.
También había y siguen existiendo muchas canchas para deporte, áreas ajardinadas y muchos árboles, como se puede apreciar en esta otra vista aérea, más alejada que la anterior, lo grande que es el parque, yo vivía en uno de los extremos, está marcado con el círculo rojo.
Entre la gran cantidad y variedad de árboles algunos me parecían increíbles como los apamates, acacias y araguaneyes, con sus deslumbrantes floraciones; los corpulentos samanes, eran mis favoritos, por su porte, por el contraste tan marcado con aquellas flores en ramilletes tan hermosas, pero delicadas, que parecían hilos, rosados y blancos y, como no, por aquellas enormes vainas que al secarse podíamos usar a manera de espadas para jugar. Los jabillos, o ceiba, con sus peculiares espinas en el tronco también atraían mucho mi atención, así como las esbeltas palmeras como los chaguaramos, cocoteros y moriches.
Ese poderoso mundo vegetal del parque lo quise mostrar en ese cuadro que pinté ya hace 34 años y donde me represento como un niño con mi pelota y mi madre. El niño muestra la picardía de los chiquillos jugando a la pelota y como siempre esta el temor de golpear a algún adulto distraído, en este caso la propia madre del niño.
Y así de bien luce el cuadro, en la Sala de Exposiciones de la Casa de Cultura Giralt Laporta de Valdemorillo, en nuestra exposición "Hilos de la Memoria" en compañía de los tiestos tejidos y las flores de ganchillo de mi madre, que mi amiga Ana del Burgo reinterpretó y los organizó para hacer ese fantástico montaje. Nuestra exposición, de Ana y mía, sigue confinada, pero algún día tendrá que volver a abrir.
Espero les haya sido entretenida la lectura.
Saludos,
Reinaldo Zamora Pérez
En 1986 pinté un cuadro llamado "En el Parque", buscaba representar una época de mi niñez, supongo que era lo que más me gustaba porque fue lo que me inspiró a pintarlo, aquí van mis recuerdos.
Cuando era un niño, en la década de los 60’s, Antímano era todavía un pueblo de las afueras de Caracas, con su pequeña Plaza Bolívar llena de árboles y palomas, el centro de la plaza lo ocupaba un aún más pequeño busto del Libertador, aún siendo pequeña la plaza, el busto me parecía desproporcionado, poco para aquel espacio, en aquel tiempo los árboles eran muy frondosos no eran muy altos, daban mucha sombra, el suelo tenía la mayor parte de tierra, todo eso la hacia parecer más recogida que como la veo ahora en fotos actuales, en las que noto que ha sido muy reformada y ya no existen los palomares que había entonces, ni hay palomas.
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| Plaza Bolivar de Antímano |
Cerca estaba la iglesia parroquial de Nuestra Señora del Rosario con sus muchas escaleras y sus cuatro enormes columnas en la entrada, allí con 4 años, en mayo de 1964, llevé los anillos en la boda de mi hermana, también hice la primera comunión, me confirmaron y cantaba en el coro, en las misas de los domingos.
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| Así recuerdo a la iglesia de Antímano |
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| Foto, más reciente, de Julio Cesar Mesa Arboleda. |
Otro lugar de referencia de mi infancia era el cine Astor, donde vi Bambi, mi primera película en pantalla grande, fuimos con el colegio, supongo que yo tendría unos 7 años, es decir, aproximadamente en 1967, luego fui otras veces a ver alguna película, probablemente de Marisol, pero no muchas más, siempre quería ir, pero nunca se podía.
A mi me parecía que el Cine Astor era muy grande, claro yo lo veía con ojos de niño y era el único que conocía, recientemente supe, investigando para este recuerdo, que tenía 800 butacas, que había sido inaugurado en el año 1953 y que el edificio fue demolido en el año 1992.
Pero claro lo más importante era el parque infantil, tenía forma de triángulo, entre don avenidas principales de un lado la fábrica de Pepsi-Cola y del otro las de Gases Industriales.
He buscado en googlemaps la zona para hacerme una idea de las distancias, las proporciones y también para poder ilustrar mejor esta historia, me parece increíble que siendo niño caminaba por todas esas calles y la verdad que no recuerdo haber sentido nunca miedo, ahora con la violencia en Venezuela supongo que será inimaginable pensar en un niño caminando por todo eso solo.
Los círculos en rojo indican los lugares que frecuentaba, vivíamos en el número 34 de la calle cruz verde, en una planta alta, debajo quedaba el Colegio El Araguaney, donde estudié hasta el 3er grado de primaria, era una calle en pendiente, nosotros no vivíamos muy arriba, al bajar por la calle llegaba a la iglesia, muy cerca está la casa parroquial, donde iba a ensayar con el coro de la iglesia, al lado está la Escuela Nacional Andrés Bello, donde estudié el resto de la primaria y al lado de la Escuela está el Parque. Hacia el otro lado está del pueblo, algo más alejada, pero muy poco, está la Plaza Bolívar, en sus alrededores iba al médico, al barbero pero también íbamos de paseo a dar de comer a las palomas o a comernos un raspado.
Me encantaba que me llevaran al parque, para montarme en los columpios, el sube y baja, la rueda; para comerme un raspado de granadina con leche condensada; pero iba muy poco, tal vez por eso lo deseaba más y por eso me surgió en su momento la necesidad de pintarlo. El problema era que el suelo del parque era de tierra y cada vez que me llevaban terminaba enfermo de las amígdalas, lo que en España aprendí que llaman anginas, en aquella época no sabían porque me enfermaba constantemente, ya de adulto descubrí que es alergia, al polvillo que se levantaba de correr en el parque por aquella tierra seca.
Tenía 9 años cuando nos mudamos a La Paz, en El Paraíso, y vivíamos justo al lado de un parque, este era mucho más grande que el de Antímano, tenía una concha acústica para representaciones, con gradas al aire libre, en la vista aérea esta marcado con el círculo rojo el edificio donde vivía, era poner el pie en la calle y ya estaba en el parque.
Lo más cerca del parque que tenía era la Concha acústica y montones de veces estaba yo subido en ese escenario o corriendo de un lado a otro por todas esas gradas, la verdad que los años que viví ahí no recuerdo que se aprovecharan mucho esas instalaciones, todo lo contrario había eventos muy esporádicos.
También había y siguen existiendo muchas canchas para deporte, áreas ajardinadas y muchos árboles, como se puede apreciar en esta otra vista aérea, más alejada que la anterior, lo grande que es el parque, yo vivía en uno de los extremos, está marcado con el círculo rojo.
Entre la gran cantidad y variedad de árboles algunos me parecían increíbles como los apamates, acacias y araguaneyes, con sus deslumbrantes floraciones; los corpulentos samanes, eran mis favoritos, por su porte, por el contraste tan marcado con aquellas flores en ramilletes tan hermosas, pero delicadas, que parecían hilos, rosados y blancos y, como no, por aquellas enormes vainas que al secarse podíamos usar a manera de espadas para jugar. Los jabillos, o ceiba, con sus peculiares espinas en el tronco también atraían mucho mi atención, así como las esbeltas palmeras como los chaguaramos, cocoteros y moriches.
Ese poderoso mundo vegetal del parque lo quise mostrar en ese cuadro que pinté ya hace 34 años y donde me represento como un niño con mi pelota y mi madre. El niño muestra la picardía de los chiquillos jugando a la pelota y como siempre esta el temor de golpear a algún adulto distraído, en este caso la propia madre del niño.
Y así de bien luce el cuadro, en la Sala de Exposiciones de la Casa de Cultura Giralt Laporta de Valdemorillo, en nuestra exposición "Hilos de la Memoria" en compañía de los tiestos tejidos y las flores de ganchillo de mi madre, que mi amiga Ana del Burgo reinterpretó y los organizó para hacer ese fantástico montaje. Nuestra exposición, de Ana y mía, sigue confinada, pero algún día tendrá que volver a abrir.
Espero les haya sido entretenida la lectura.
Saludos,
Reinaldo Zamora Pérez
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jueves, 26 de marzo de 2020
Carnavales 2021
Teníamos varios años sin perdenos los carnavales de Tenerife, pero este 2020 ya tenía decidido que no iría, por "Hilos de la Memoria", proyecto importante que me obligaba a estar en Valdemorillo, en la sierra de Madrid. Dos años de planificación, preparación y meses de ejecución, que finalmente inauguramos el pasado 6 de marzo.
Tanto esfuerzo y la exposición solamente ha podido estar abierta 3 días y medio, la crisis del coronavirus nos la cerró y nos mantiene en cuarentena, las obras están en la Sala de Exposiciones del Centro Cultural Giralt Laporta, pero no se puede visitar, es más ya tendría que haber terminado y la deberíamos haber recogido. A ver que pasa, se lo iremos contando.
La verdad es que, aunque suene a falta de modestia, la expo ha quedado magnífica, estamos muy contentos con el resultado y el trabajo realizado, pero al mismo tiempo, con todo lo ocurrido y con la cuarentena, me he estado acordando que no fui al carnaval, he recordado tantos buenos momentos de años anteriores y ya estoy con las ganas de ir a los del 2021, para los que el tema de los de Santa Cruz de Tenerife será "Carnavales del Mundo".
La vida es corta y esta pandemia que se está llevando tanta gente por delante, nos hace reflexionar y cuestionarnos ¿vale la pena vivir tan estresados, preocupados por el futuro, por el trabajo, el dinero y a veces por cosas que no son tan importantes como parecen?
Disfrutemos más de las pequeñas cosas, cuando tengamos una nueva oportunidad, que será pronto.
Hasta aquí la entrada de hoy, les invitamos a seguirnos y comentar sus impresiones y/o experiencias en este blog, o en nuestras redes sociales:
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Nos pueden identificar tanto en Facebook, como en Instagram como @hilosdelamemoria
Deja correr la fantasía y no dejes de crear.
Saludos,
Reinaldo Zamora Pérez
Tanto esfuerzo y la exposición solamente ha podido estar abierta 3 días y medio, la crisis del coronavirus nos la cerró y nos mantiene en cuarentena, las obras están en la Sala de Exposiciones del Centro Cultural Giralt Laporta, pero no se puede visitar, es más ya tendría que haber terminado y la deberíamos haber recogido. A ver que pasa, se lo iremos contando.
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| Detalle de "Machanga de Carnaval" una obra de la exposición, Cabeza de vidrio. |
La verdad es que, aunque suene a falta de modestia, la expo ha quedado magnífica, estamos muy contentos con el resultado y el trabajo realizado, pero al mismo tiempo, con todo lo ocurrido y con la cuarentena, me he estado acordando que no fui al carnaval, he recordado tantos buenos momentos de años anteriores y ya estoy con las ganas de ir a los del 2021, para los que el tema de los de Santa Cruz de Tenerife será "Carnavales del Mundo".
Lamentablemente las fiestas de San Blas coinciden muchas veces con los carnavales, lo bueno que este año al quedarme en Valdemorillo las pude disfrutar, pero la verdad que en pleno invierno se está más calentito en Canarias y con carnavales mucho mejor.
Mis últimos tres carnavales
Con el tiempo que nos deja la cuarentena me ha gustado recordar esos buenos días y mirar las fotos, aquí les comparto algunas para que se hagan una idea de mis pintas por carnaval.
2017
El tema del carnaval de Santa Cruz de Tenerife fue "El Caribe" y ahí me tienen disfrazado de bucanero.2018
El tema del de Santa Cruz fue "La Fantasía", pero estas fotos son del carnaval de Candelaria, que se celebra un par de semanas después. Mi disfraz se llama "Caperucita Feroz" lo imaginé al pensar que el lobo se comió a Caperucita y después se vistió con la ropa de ella para ir al carnaval.2019
"Las Profundidades Marinas" fue el tema del carnaval de Santa Cruz, asistí a varias galas en el recinto ferial, la elección de la reina fue un espectáculo de primera clase y para la calle me disfracé de "Neptuno", el Dios de los Mares.Disfrutemos más de las pequeñas cosas, cuando tengamos una nueva oportunidad, que será pronto.
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viernes, 20 de marzo de 2020
Vicestas
Para esta ocasión hemos inventado la palabra VICESTA, porqué si es algo nuevo, lógico es que tenga un nombre también nuevo, que lo diferencie y lo identifique.
El invento surgió de incorporar vidrio, trabajado con las técnicas de horno
(fusionado, esmaltado y termoformado), a las fibras naturales, para tejerlo como un ingrediente más, con las técnicas tradicionales de
la cestería tradicional orgánica.
Origen
Pero, aunque el nombre es nuevo, debemos contar que las VICESTAS nacieron con el proyecto para la exposición “Pasión por el Vidrio” en el año 2017, cuando Miguel Blasco y yo, del taller de vidrio Fulkolor, invitamos a Ana del Burgo del taller Artesanía La Higuera, a participar en la exposición que celebraba nuestros 20 años con el vidrio. Ana aportó la cestería y el ganchillo, además de creatividad e ideas, para que surgieran las primeras piezas de lo que hoy llamamos VICESTAS. Todo creado en Valdemorillo, Madrid.
Vicesta de los Tesoros
La primera pieza es muy especial, es la Vicesta de los Tesoros, y es que además de haber sido la primera combinando la cestería de junco, ganchillo y vidrio de horno, también lleva tesoros. Llamamos "tesoros" a los restos de vidrio de la antigua fábrica de Valdemorillo, en este caso la cesta se apoya en tres tesoros y ademas está pensada para contener esos pequeños trozos de vidrio antiguo, los tesoros.
Tradición Innovadora
Así hemos conseguido piezas únicas, con un trabajo artesano totalmente innovador, resultado de la sinergia,
renovando y poniendo en valor el trabajo de la cestería tradicional, pero de
una manera diferente, con un aporte no visto antes, al combinar las fibras
naturales con el vidrio de horno y detalles de ganchillo.
Piezas Artísticas y Utilitarias
Aunque algunas de las piezas son más escultóricas o decorativas
la mayoría de ellas también son útiles, pueden valer para tantas de las funciones que tradicionalmente han tenido las cestas, pero esta vez con un toque de modernidad, originalidad y belleza que le aporta el color y/o las transparencias del vidrio.
Hilos de la Memoria
Casi todas estas piezas, están a la venta y podemos realizar encargos. Las que están aquí forman parte de la exposición que está actualmente en la Sala de Exposiciones de la Casa de Cultura Giralt Laporta, aunque no puede ser visitada en este momento.
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Saludos y a seguir creando,
Reinaldo Zamora Pérez
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domingo, 15 de marzo de 2020
Yoga Mental
Para algunos hacer ganchillo es el nuevo yoga, así lo he leído en algunos reportajes mientras preparaba el proyecto "Hilos de la Memoria". A mi no me lo parece, primero porque el ganchillo no es nada nuevo y segundo que son dos actividades muy diferentes. De lo que si estoy convencido es de que son dos actividades que se pueden complementar de una manera extraordinaria, que nos llevarán un paso más allá en bienestar, del que nos pueda proporcionar realizar solo una de esas actividades. Así que, "Yoga y Ganchillo, la Pareja Perfecta", me suena a un mejor titular. Estuve en clases de yoga estos últimos meses, porque hace tiempo que quería hacerlo pero además para poder tener un criterio mejor formado al escribir sobre el tema.
Es muy fácil conocer personas que practican yoga y a otras que hacen ganchillo.
El yoga busca que, al practicarlo, alcancemos el equilibrio de nuestro físico, psiquis y espíritu, cuando se logran, los tres, estaremos en armonía. Es una práctica milenaria que está suficientemente comprobada.
También está comprobado, estudios científicos lo avalan, y lo podemos verificar nosotros mismos, cuando preguntamos a personas que hacen ganchillo, u otras actividades creativas, que generalmente lo primero que manifiestan es la sensación de bienestar que alcanzan cuando lo realizan, frecuentemente dicen que el ganchillo las hace felices.
Así que la combinación de practicar yoga y de actividades creativas, como el ganchillo, puede ser la máxima expresión de la armonía y el equilibrio personal.
La clave que hace que no se pierda la afición por tejer, es la sencillez de su aprendizaje, la velocidad en el perfeccionamiento de las técnicas, pudiendo pasar de un punto más sencillo a realizar otros más complicados en un periodo de tiempo relativamente corto, lo que potencia el sentimiento de superación y capacidad de mejora. Además, es bien sabido, lo sabían las abuelas y lo sabía mi madre, el ganchillo es adictivo, y eso hace que las ganas de aprenderlo vayan en aumento cada vez.
Pero es que además, científicos y médicos especializados, como neurólogos, recomiendan la realización de manualidades, artesanías u y otros entretenimientos para mejorar la memoria y prevenir la aparición de enfermedades degenerativas cerebrales, y en eso tejer es fantástico, hay que contar, estar pendiente de los puntos, que son buenos ejercicios para mantener las cabezas activas. También está recomendado como práctica para aliviar los problemas de huesos y articulaciones y así evitar el progreso de afecciones, como pueden ser las artritis y artrosis en las manos.
Tejer requiere de paciencia, constancia, autodisciplina, pero, en compensación ayuda a desarrollar nuestra capacidad creativa y artística. Y tiene una estupenda recompensa, en forma de subidón de autoestima, que se obtiene al finalizar cada labor. Todo esto (paciencia, constancia, autodisciplina, creatividad artística) más el bienestar, la sensación de felicidad, y también la adicción; lo vi y lo comprendí con mi madre.
Así que si, mi conclusión es que el ganchillo es un yoga mental, que lleva a alcanzar el equilibrio y la armonía del espíritu. En yoga se designa como yogui a los practicantes más avanzados e informados, definitivamente mi madre era una yogui del ganchillo.
Para representar a esas mentes bonitas, que están en armonía por hacer ganchillo, he creado estas dos piezas de las fotos, combinando el ganchillo con el vidrio, el material que más he trabajado y al que me he dedicado estos últimos 20 años. Las piezas se llaman "Cabezas Creativas", que no es por nada, pero me encantan.
En Valdemorillo tenemos la suerte de contar con Ana Del Burgo, que desde su taller La Higuera, imparte clases para diferentes niveles de ganchillo, también se mueve por diferentes tiendas y escuelas de otros pueblos de la sierra, compartiendo, con quien esté interesado, su buen hacer con el ganchillo.
Hasta aquí estas reflexiones de hoy, les invitamos a seguirnos y comentar sus impresiones y/o experiencias en este blog, o en nuestras redes sociales:
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Saludos y por favor no dejen de crear,
Reinaldo Zamora Pérez
Es muy fácil conocer personas que practican yoga y a otras que hacen ganchillo.
El yoga busca que, al practicarlo, alcancemos el equilibrio de nuestro físico, psiquis y espíritu, cuando se logran, los tres, estaremos en armonía. Es una práctica milenaria que está suficientemente comprobada.
También está comprobado, estudios científicos lo avalan, y lo podemos verificar nosotros mismos, cuando preguntamos a personas que hacen ganchillo, u otras actividades creativas, que generalmente lo primero que manifiestan es la sensación de bienestar que alcanzan cuando lo realizan, frecuentemente dicen que el ganchillo las hace felices.
Así que la combinación de practicar yoga y de actividades creativas, como el ganchillo, puede ser la máxima expresión de la armonía y el equilibrio personal.
Vuelve con fuerza el ganchillo
Varias veces he leído eso, como si fuera una frase intentando recuperar una labor pérdida, pero no es verdad, nunca se ha dejado de hacer, ha habido modas que lo han hecho estar más o menos visible, claro que nunca ha vuelto a ser como fue con nuestras abuelas, pero el arte de tejer nunca se irá. Lo que si es cierto es que, al igual que hay centros para ir a practicar yoga, ahora también hay lugares donde ir a hacer ganchillo; se sigue haciendo como actividad individual o pasatiempo de fin de semana, pero existe una tendencia para reconvertirla en una actividad grupal, que puede hacerse desde casa o en sitios públicos, cafeterías o talleres dedicados a compartirla, que imitan los antiguos corrillos para tejer de las vecinas. La diferencia es que ahora además se han puesto locales "cuquis", con la etiqueta DIY (Do it yourself, que en español significa, hazlo tu misma). Las redes sociales también se han convertido en el altavoz perfecto para difundir esta afición y compartir trucos, técnicas y estilos de tejidos.La clave que hace que no se pierda la afición por tejer, es la sencillez de su aprendizaje, la velocidad en el perfeccionamiento de las técnicas, pudiendo pasar de un punto más sencillo a realizar otros más complicados en un periodo de tiempo relativamente corto, lo que potencia el sentimiento de superación y capacidad de mejora. Además, es bien sabido, lo sabían las abuelas y lo sabía mi madre, el ganchillo es adictivo, y eso hace que las ganas de aprenderlo vayan en aumento cada vez.
Beneficios de tejer
Tejer, bien sea ganchillo, a dos agujas o en telar, sirve para combatir el estrés, la ansiedad y relajar la mente. Dedicar ese momento cada día, a centrarse en algo que disfrutamos y motiva, es fundamental para la estabilidad y el bienestar propio. El ganchillo es el más popular, es lógico, no necesita sino de una pequeña aguja y un ovillo que se pueden llevar fácilmente a cualquier lugar.Pero es que además, científicos y médicos especializados, como neurólogos, recomiendan la realización de manualidades, artesanías u y otros entretenimientos para mejorar la memoria y prevenir la aparición de enfermedades degenerativas cerebrales, y en eso tejer es fantástico, hay que contar, estar pendiente de los puntos, que son buenos ejercicios para mantener las cabezas activas. También está recomendado como práctica para aliviar los problemas de huesos y articulaciones y así evitar el progreso de afecciones, como pueden ser las artritis y artrosis en las manos.
Tejer requiere de paciencia, constancia, autodisciplina, pero, en compensación ayuda a desarrollar nuestra capacidad creativa y artística. Y tiene una estupenda recompensa, en forma de subidón de autoestima, que se obtiene al finalizar cada labor. Todo esto (paciencia, constancia, autodisciplina, creatividad artística) más el bienestar, la sensación de felicidad, y también la adicción; lo vi y lo comprendí con mi madre.
Así que si, mi conclusión es que el ganchillo es un yoga mental, que lleva a alcanzar el equilibrio y la armonía del espíritu. En yoga se designa como yogui a los practicantes más avanzados e informados, definitivamente mi madre era una yogui del ganchillo.
Para representar a esas mentes bonitas, que están en armonía por hacer ganchillo, he creado estas dos piezas de las fotos, combinando el ganchillo con el vidrio, el material que más he trabajado y al que me he dedicado estos últimos 20 años. Las piezas se llaman "Cabezas Creativas", que no es por nada, pero me encantan.
Dónde aprender ganchillo
Los talleres y sitios para aprender se pueden encontrar en cualquier ciudad, en las tiendas que venden los materiales, como las mercerías, que enseñan a aprender manualidades y hacer las cosas por nosotros mismos. Luego están los vídeos tutoriales, que proliferan realizados directamente por las artesanas, pero también muchos vídeos profesionales patrocinados por las mismas empresas de las marcas de productos.En Valdemorillo tenemos la suerte de contar con Ana Del Burgo, que desde su taller La Higuera, imparte clases para diferentes niveles de ganchillo, también se mueve por diferentes tiendas y escuelas de otros pueblos de la sierra, compartiendo, con quien esté interesado, su buen hacer con el ganchillo.
Hilos de la Memoria
Recordar que este es un proyecto que surgió para hacer un homenaje póstumo a mi madre y a su trabajo con el ganchillo, yo trabajo el vidrio y pedí a Ana Del Burgo como ganchillera que me ayudara, para poder ejecutar todas estas ideas que ahora estamos mostrando. La exposición está en la Casa de Cultura de Valdemorillo, no puede ser visitada por la crisis del Coronavirus, pero aquí la estamos contando.Hasta aquí estas reflexiones de hoy, les invitamos a seguirnos y comentar sus impresiones y/o experiencias en este blog, o en nuestras redes sociales:
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Reinaldo Zamora Pérez
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viernes, 13 de marzo de 2020
Rosaleda Colgante
Con la crisis del coronavirus están cerrados también los centros culturales, pero no hay problema, yo me quedo en casa y desde aquí empiezo el #expongodesdecasa y hago la visita guiada de nuestra exposición "Hilos de la Memoria".
Con tanta obra que tenemos y me apetece hablar de la misma que en "Heroínas", en aquella entrada de este blog conté la historia que me inspiró y la dedicatoria que quise hacer de la "Rosaleda", a mi madre y en general a las mujeres trabajadoras, de nuestras generaciones pasadas, que dedicaron su vida a hijos, familia, pero también a realizar las labores consideradas femeninas, una rosa por cada heroína anónima, lo pueden leer en https://hilosmemoria.blogspot.com/2020/02/heroinas.html.
Esa anterior publicación fue antes de la inauguración, la pieza no estaba bien extendida. Hoy quiero contar otras cosas, con fotos nuevas, ya con la pieza instalada en la Sala de Exposiciones de la Giralt Laporta de Valdemorillo donde me parece a mi que quedó muy bien, porque capta mucho la atención, lo que la hace merecedora de otro escrito.
Jamás, never in my life (nunca en mi vida), escuché a mi madre llamar granny square (cuadrados de la abuelita), como me he enterado, al preparar todo esto, que se le dice a los cuadritos que tejía mamá con los restos de lana cuando terminaba una labor. Me sorprendió que es un termino de uso generalizado en el mundo del ganchillo, en revistas, libros y hasta Ana los llama así "granis". No lo sé, pero no creo que sea un invento inglés o americano para tener que adoptar ese palabrejo, pero tampoco voy a protestar por eso, es el que está en uso y ya está, simplemente me llamó la atención.
Si recuerdo que mi madre llamaba rosetas a esas piezas que tejía por separado, tejía varias o muchas, tantas como grande deseaba hacer la labor, podían ser todas iguales y compraba hilo para una labor especifica, o con variaciones, que usualmente eran con los restos, que cambiaban colores, grosor e incluso hasta el dibujo, luego las unía, ahí si utilizaba una lana especifica, para darle uniformidad a la pieza. No estoy seguro que siempre las llamara rosetas, a lo mejor lo decía solo a las de forma redondeada y los cuadrados fueran solo cuadritos, pero me inclino por pensar que a todos les llamaba rosetas. En todo caso con esos cuadros o rosetas cuadradas hizo esta manta que convertí en Rosaleda para colgar.
Las aplicaciones a la manta, en su mayoría son rosas que hice con servilletas de las mantelerías de tela, algunas de ellas, como las de las fotos, que son las únicas que no imitan rosas porque justamente quería mostrar el trabajo de bordado, también fueron bordadas por mi madre, bordó de joven, luego, a medida que fue perdiendo la vista lo dejó, pero esas específicamente sé que las hizo ella, estaban en casa, las recuerdo de toda la vida y también recuerdo los patrones con los dibujos, que los tuvo y los guardó muchos años y que los dejó en Venezuela al mudarnos de vuelta a España, lo que si tengo son restos de hilos de bordar de esa época y algunas piezas empezadas a bordar que nunca terminó.
Para terminar la obra entorché lanas con las que hice cordones para que hicieran las veces del tronco y las ramas de los rosales, los pasé por el tejido, para que tocaran a cada una de las rosas en su recorrido. Finalmente con unos tutores grandes de jardinería colocados arriba y abajo dejé lista la pieza para colgar.
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Saludos y no dejes de crear,
Reinaldo Zamora Pérez
Con tanta obra que tenemos y me apetece hablar de la misma que en "Heroínas", en aquella entrada de este blog conté la historia que me inspiró y la dedicatoria que quise hacer de la "Rosaleda", a mi madre y en general a las mujeres trabajadoras, de nuestras generaciones pasadas, que dedicaron su vida a hijos, familia, pero también a realizar las labores consideradas femeninas, una rosa por cada heroína anónima, lo pueden leer en https://hilosmemoria.blogspot.com/2020/02/heroinas.html.
Esa anterior publicación fue antes de la inauguración, la pieza no estaba bien extendida. Hoy quiero contar otras cosas, con fotos nuevas, ya con la pieza instalada en la Sala de Exposiciones de la Giralt Laporta de Valdemorillo donde me parece a mi que quedó muy bien, porque capta mucho la atención, lo que la hace merecedora de otro escrito.
Granny Squares versus Rosetas
Jamás, never in my life (nunca en mi vida), escuché a mi madre llamar granny square (cuadrados de la abuelita), como me he enterado, al preparar todo esto, que se le dice a los cuadritos que tejía mamá con los restos de lana cuando terminaba una labor. Me sorprendió que es un termino de uso generalizado en el mundo del ganchillo, en revistas, libros y hasta Ana los llama así "granis". No lo sé, pero no creo que sea un invento inglés o americano para tener que adoptar ese palabrejo, pero tampoco voy a protestar por eso, es el que está en uso y ya está, simplemente me llamó la atención.
Si recuerdo que mi madre llamaba rosetas a esas piezas que tejía por separado, tejía varias o muchas, tantas como grande deseaba hacer la labor, podían ser todas iguales y compraba hilo para una labor especifica, o con variaciones, que usualmente eran con los restos, que cambiaban colores, grosor e incluso hasta el dibujo, luego las unía, ahí si utilizaba una lana especifica, para darle uniformidad a la pieza. No estoy seguro que siempre las llamara rosetas, a lo mejor lo decía solo a las de forma redondeada y los cuadrados fueran solo cuadritos, pero me inclino por pensar que a todos les llamaba rosetas. En todo caso con esos cuadros o rosetas cuadradas hizo esta manta que convertí en Rosaleda para colgar.
Servilletas Bordadas
Las aplicaciones a la manta, en su mayoría son rosas que hice con servilletas de las mantelerías de tela, algunas de ellas, como las de las fotos, que son las únicas que no imitan rosas porque justamente quería mostrar el trabajo de bordado, también fueron bordadas por mi madre, bordó de joven, luego, a medida que fue perdiendo la vista lo dejó, pero esas específicamente sé que las hizo ella, estaban en casa, las recuerdo de toda la vida y también recuerdo los patrones con los dibujos, que los tuvo y los guardó muchos años y que los dejó en Venezuela al mudarnos de vuelta a España, lo que si tengo son restos de hilos de bordar de esa época y algunas piezas empezadas a bordar que nunca terminó.
Para terminar la obra entorché lanas con las que hice cordones para que hicieran las veces del tronco y las ramas de los rosales, los pasé por el tejido, para que tocaran a cada una de las rosas en su recorrido. Finalmente con unos tutores grandes de jardinería colocados arriba y abajo dejé lista la pieza para colgar.
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Reinaldo Zamora Pérez
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